Y respiré, el alma volvió a mí cuando ya estuve segura de que mi Señor, fuerte como es, logró salir adelante de la situación en la que estaba. No podía ser de otra forma. Ese día agradecí al universo el maravilloso regalo que le dio a él y, de manera colateral, a mí también... Ya decía yo que la vida no podía ser tan injusta, no esta vez Ahora quiero besar las manos de mi Señor y acurrucarme entre sus brazos para no salir de ahí jamás. H. de Vincent
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